
Prada no es solo una persona. Es una forma de hacer, de cuidar, de resistir. Una filosofía que se respira en cada rincón del Palacio de Canedo y se saborea en cada producto que lleva su sello.
Aquí puedes dormir entre viñedos y despertar con el rumor del campo berciano. Caminar por las sendas que Prada trazó con paciencia y testarudez, convencido de que esta tierra merecía ser contada con los pies y con el alma.
Probar el sabor de lo que aquí se cultiva sin prisas, como se hacía antes: con mimo, con manos manchadas de tierra, con respeto por lo que somos.
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